Lo poco que traen los dos libros antiguos, y cómo se reparte
Del diccionario de 1901 sobrevive una sola frase de su entrada de hermanos: verlos con energía y en su mejor forma lo asociaba con motivo de alegrarse por la propia suerte o por la de ellos. El resto de la entrada se descarta entera por registro. Del catálogo del siglo II no hay capítulo, hay dos cláusulas: una dice que cualquier miembro de la familia visto en un sueño vale por la familia completa — doctrina registrada en la página de los hijos, que es su dueña —, y la otra está enterrada en un capítulo de forcejeo: medirse en sueños con alguien de la propia sangre, o con un amigo, lo asociaba con discordia con esa persona y con ganas de discutir. Junten las dos y tienen esto: el hermano visto próspero se lee como una casa que anda bien, y el hermano soñado en pugna se lee como fricción que ya existe. Pero conviene decir de qué pie cojea cada mitad: la primera tiene dos patas, la segunda tiene una sola, la antigua, y así queda escrita. La lectura general del forcejeo soñado vive en la página de soñar que peleas.