Significado de los sueños

Soñar con tus hermanos

También buscado como: hermana · hermanas · hermanito · hermanita · mi hermano · mi hermana

Un hermano o una hermana en el sueño: de la edad que tienen hoy, o de la que tenían cuando compartían cuarto. Es una escena que casi todo el mundo ha soñado y que las dos fuentes antiguas apenas atienden — se dice de entrada, porque la honestidad de inventario es parte del método aquí: ninguno de los dos libros tiene un capítulo de hermanos, y lo que traen son dos cláusulas sueltas dentro de capítulos que hablan de otra cosa. Lo que sí hay, y es mucho, es material de la tradición psicológica, que trae consigo su propio cuidado. Antes de las variantes, el dato que las gobierna: qué sentiste en la escena — complicidad, competencia, ternura, incomodidad vieja. Y el cierre de la casa: ninguna lectura de aquí dice nada sobre un hermano real.

Lecturas por contexto

Lo poco que traen los dos libros antiguos, y cómo se reparte

Del diccionario de 1901 sobrevive una sola frase de su entrada de hermanos: verlos con energía y en su mejor forma lo asociaba con motivo de alegrarse por la propia suerte o por la de ellos. El resto de la entrada se descarta entera por registro. Del catálogo del siglo II no hay capítulo, hay dos cláusulas: una dice que cualquier miembro de la familia visto en un sueño vale por la familia completa — doctrina registrada en la página de los hijos, que es su dueña —, y la otra está enterrada en un capítulo de forcejeo: medirse en sueños con alguien de la propia sangre, o con un amigo, lo asociaba con discordia con esa persona y con ganas de discutir. Junten las dos y tienen esto: el hermano visto próspero se lee como una casa que anda bien, y el hermano soñado en pugna se lee como fricción que ya existe. Pero conviene decir de qué pie cojea cada mitad: la primera tiene dos patas, la segunda tiene una sola, la antigua, y así queda escrita. La lectura general del forcejeo soñado vive en la página de soñar que peleas.

Lo que Freud sostuvo, con su límite pegado

Aquí está el grueso del símbolo, y solo se puede escribir entero. Freud, con nombre propio, ponía en duda que el cariño entre hermanos sea el estado natural de las cosas: le llamaba la atención cuántas enemistades entre adultos resultaban tener raíz en la infancia, y cuántos hermanos hoy unidos habían pasado la niñez en hostilidad continua. Su explicación era de desarrollo, no de carácter: el niño pequeño va a lo suyo con toda la intensidad de que dispone, y quien le disputa lo suyo son justamente los hermanos — y él mismo se negaba a llamar «criminal» a eso, porque un niño no responde ante nuestro juicio más de lo que respondería ante un tribunal. Contaba a los recién llegados con humor: el que quería que la cigüeña se llevara al bebé de vuelta, la que temía perder su gorro rojo, la que iba mejorando sus reparos contra una hermana nueva — primero era demasiado chica, después le faltaban dientes. Y su afirmación central es también su límite, y las dos van juntas o no va ninguna: muchos que hoy quieren a sus hermanos y sufrirían enormemente por ellos arrastran, sin saberlo, deseos hostiles de otro tiempo, y esos deseos pueden aparecer en sueños. Es una afirmación sobre el pasado y sobre lo que no se sabe de uno mismo — nunca sobre lo que sientes hoy. Esta página no le dice a nadie lo que deseó. Y si el sueño te dejó llorando, la regla que explica ese llanto está en la página del llanto: el sentimiento de un sueño es la parte que menos se disfraza.

Si en el sueño lo perdiste

Pasa, y asusta, y por eso conviene ser breve y exacto. La forma general de estos sueños está leída en la página de los muertos, con su reparto por el afecto, y no se repite aquí. Lo que esta página añade es una sola cosa, y es la que vuelve habitable a la anterior: la misma observación de Freud sobre qué entiende un niño por «haberse ido» está registrada en la página de la madre, y vale igual entre hermanos. Hay además un caso suyo célebre — el sueño infantil del prado lleno de niños que echan a volar — que está contado en la página de los ángeles, con su análisis completo, y esta no lo repite. Y una frase suelta del catálogo antiguo: para él, la muerte separaba también a los hermanos entre sí. Nada de eso es información sobre nadie.

Para reflexionar

Busca una foto de cuando eran chicos — de las de verdad, en papel o en la nube — y mírala un minuto largo. No hace falta que saques ninguna conclusión: solo fíjate en quién está tocando a quién, y en qué hace cada uno con las manos. Los sueños de hermanos suelen venir de ese archivo.

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