Significado de los sueños

Soñar que peleas

También buscado como: pelea · peleas · peleo · peleé · a golpes · golpes · me pegaban

Una pelea dentro del sueño: un forcejeo, unos golpes, un enfrentamiento del que se despierta con el corazón acelerado. Empecemos por el reparto, porque en español la palabra hace doble trabajo: «nos peleamos» quiere decir, casi siempre, «discutimos», y si tu sueño fue de palabras, la página de soñar que discutes es la tuya y es la que te va a servir. Esta se ocupa del cuerpo a cuerpo, y lo hace con un cierre puesto por delante y sin letra pequeña: aquí no se lee nunca que alguien vaya a hacerte daño, ni que tú vayas a hacérselo a nadie, ni que un sueño de forcejeo informe sobre lo que ocurre o va a ocurrir entre dos personas reales. Ninguna lectura de esta página va en esa dirección; las que lo hacían en las fuentes están descartadas y consta al pie. Lo que sí gobierna las variantes es lo de siempre: cómo amaneciste — con susto, con rabia, con extrañeza, o ya sin nada.

Lecturas por contexto

Antes de leer nada: el propio catálogo antiguo pone un freno

Es la mejor idea de esta página y viene del sitio menos esperado. Artemidoro, cuando explica cómo se trabaja un sueño, manda preguntar primero por las costumbres de quien soñó, y con cuidado — porque un sueño que se limita a mostrar aquello que la persona hace todos los días o aquello en lo que anda pensando no está indicando nada. Y para ilustrarlo eligió, precisamente, el contenido más alarmante que se le ocurrió: los sueños de robar, de matar y de profanar, porque la gente piensa en esas cosas a menudo, y quien se pone a descifrarlos como si fueran un acertijo, decía, se equivoca y se engaña. Lo respaldaba con un caso propio en el que se había equivocado: una pareja cuyos sueños no daban resultado ninguno hasta que supo que lo soñado era su costumbre, y entonces entendió que el sueño estaba contando el hábito y nada más. Traducido, y va primero por algo: si veniste de una película, de una discusión, de un videojuego o de un día entero rumiando un conflicto, es perfectamente posible que este sueño no esté indicando nada — el propio autor antiguo te lo diría antes que nosotros.

Si hay algo que leer, es discordia

Si el freno anterior no aplica, entonces sí hay una lectura, y las dos fuentes convergen en ella: la escena habla de un desacuerdo, no de un peligro. El diccionario de 1901 asocia el meterse uno en una pelea con encontronazos con quien compite con uno, y tiene otra entrada, la del combate, cuya frase aprovechable es de las mejores del libro: forcejeos por mantenerse en terreno firme. El catálogo del siglo II es más preciso, y aquí está el corazón del símbolo: medirse en sueños con alguien de la propia sangre o con un amigo lo asociaba con discordia con esa persona y con ganas de discutir. Es decir, el autor que tenía todos los permisos de su época para leer una pelea como pelea la leía como fricción. El mismo libro tenía además un tercer combate, el más duro de los tres que describe, y su lectura no añadía daño sino más discordia — de modo que la intensidad de la escena soñada habla del tamaño del roce, no del riesgo. Y el gradiente de la casa vale igual aquí: reñir con los de fuera pesaba menos que hacerlo con los de la propia casa; esa proposición está registrada en la página de discutir.

Lo que se juega no es el cuerpo: es la cara

Con firma, el capítulo antiguo dedicado al pugilato, que es corto y sorprendentemente moderno. Le parecía cosa mala para todo el mundo sin excepción — no hace matices, cosa rarísima en él —, y su razón no era el golpe sino lo que el golpe hace: la cara queda desfigurada y sale sangre, que a su juicio se parecía al dinero; sólo lo salvaba para quienes vivían de la sangre, y nombraba tres oficios de su tiempo que la manejaban a diario. Quitada la carnicería, queda un marco muy útil: en un sueño de pelea lo que está en juego es la exposición y el prestigio, no la integridad. De ahí sale también, en el capítulo de enemistad del mismo autor, la lectura de pelear con alguien de más rango: lo que importa es el desajuste de posición. Y del diccionario de 1901, su única inversión aprovechable: la escena en que uno se defiende y se sostiene la asociaba con salir adelante por tesón pese a la oposición. Sin premio y sin pronóstico: soñarte sosteniendo la postura suele hablar de cómo te ves capaz de sostenerla despierto.

Lo que esta página no hace

Dicho entero, porque el silencio aquí sería peor. La escena que con más frecuencia llega a esta página es la de pelear con la pareja o con alguien de la familia, y sobre ese sueño esta casa no dice: que la relación esté mal; que tú estés enojado con esa persona; que esa persona lo esté contigo; ni nada, absolutamente nada, sobre lo que ocurre o dejará de ocurrir entre ustedes. No es prudencia: es que un sueño no contiene esa información. Lo que sí puede hacer la página es lo que ya hizo — recordarte el freno del primer apartado, ofrecerte la lectura de discordia, preguntarte cómo despertaste, y mandarte a la página de discutir si eran palabras y a la de la pareja si el reparto de la casa te sirve. Hay además dos bloques enteros de material fuente que se leyeron y se tiraron sin conservar una línea, y están anotados al pie: no aparecen aquí porque no se pueden escribir, no porque nadie los viera. Freud no dejó doctrina de peleas, y se declara; lo único que su marco general aporta —que un sueño trabaja material del propio soñador— apunta en la misma dirección que el freno antiguo, aunque por otro camino, y esa coincidencia la firmamos nosotros y no ellos.

Para reflexionar

Y una última que en esta página va en serio: si al despertar el susto se te fue solo mientras hacías café, quizá no haya nada que leer aquí, y está bien. Así que la pregunta es esa — al abrir los ojos, ¿qué te pedía el cuerpo: entender el sueño, o desayunar? Cerrar esta página sin lectura también es una respuesta válida.

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