Las cinco escenas del diccionario, ordenadas por lo que se hacía arriba
Van con firma, y no en su orden, sino por lo que el soñador estaba haciendo. Arreglar o construir un tejado lo asociaba con aumentar deprisa lo propio — es la única de todo el grupo donde hay trabajo de por medio, y no es casualidad que sea de las mejores. Encontrarse simplemente arriba, de pie sobre un tejado, lo asociaba con un logro sin límites puestos: es la línea más generosa que ese libro tiene en todo este grupo de símbolos. Dormir ahí arriba lo asociaba con estar a resguardo de lo que ronda; su remate sobre el cuerpo no se recoge, y se dice. Y la cuarta es la que le da filo a las otras tres: asustarse arriba y creer que uno se cae lo asociaba con una posición mal sostenida — el avance no se detenía por eso. Ahí está la bisagra entera del símbolo, y es nuestra manera de decirlo: estar arriba y estar seguro de estar arriba no son la misma cosa, y el sueño las distingue mejor que uno despierto.