Significado de los sueños

Soñar con un sótano

También buscado como: sótano · subsuelo · el sótano · un sótano oscuro

Bajar a un sótano, estar en uno, encontrarse con que la casa del sueño tenía un piso debajo que no sabías. Es un símbolo de una sola fuente y se dice de entrada: solo el diccionario de 1901 trae material, y trae bastante — cuatro entradas con una forma común. Las otras dos fuentes están ausentes, y una de esas ausencias es lo más importante que esta página tiene que decirte, así que va antes que ninguna lectura. Y el eje de siempre, que aquí pesa más que en casi ningún otro símbolo: qué se sentía abajo — curiosidad, agobio, calma rara, ganas de subir.

Lecturas por contexto

Lo primero, porque es lo que casi todo el mundo viene buscando

La idea de que el sótano es el inconsciente **no es de Freud**. No está en el primer volumen de su libro, no está en el segundo, y no es suya en ninguna forma: es una acumulación posterior, en parte de otra escuela y en gran parte de la divulgación. Ninguna página de este corpus se la va a atribuir. Conviene decirlo con todas las letras porque es la atribución falsa más probable de todo este catálogo, y porque una página que se la callara estaría cobrando por una cita que no existe. Lo que sí hay en su primer volumen, y ni siquiera es suyo, es una teoría anterior que él recoge y rechaza por no verificable, según la cual el sueño retrata el cuerpo como una casa, y de sótanos no dice absolutamente nada. La extracción con la que se escribió esta página no recogió del volumen ninguna aparición de la palabra. Eso es todo, y es honesto.

El otro hueco, que también dice algo

En el catálogo del siglo II tampoco hay capítulo de sótano, ni de bodega, ni de cueva, ni de cámara subterránea: se comprobó en el texto entero. Lo más parecido al subsuelo que ese autor tiene está metido dentro de otro capítulo — los almacenes y depósitos apuntando a lo que se guarda y a quien lo administra — y de esa línea hay que decir lo que le pasa, en vez de mandarte a buscarla: existe en el capítulo antiguo y ninguna página de esta familia la desarrolla. Está sin dueño, así que ésta no se apoya en ella y tampoco te promete que la vayas a encontrar leída en otro sitio. Lo interesante es cómo lee él una casa: por sus cuartos, sus paredes, sus puertas y sus columnas. El sitio donde se guardan las cosas aparece solo como sitio donde se guardan las cosas. La idea del sótano como lugar de la mente sencillamente no está en su libro. Es verdad, es corto, y no cuesta nada decirlo.

Las cuatro entradas del diccionario, ordenadas por lo que hay abajo

Vienen todas con su firma, y no en el orden en que él las tiene, porque en su libro están pegadas por el alfabeto y seguirlo sería copiar el alfabeto. Ordenadas por lo que uno se encuentra abajo: en un sótano frío y húmedo asociaba estar con quedar cargado de dudas y con perder la confianza en las cosas — y añadía que de ahí no se sale «a menos que uno gobierne su propia voluntad». Esa cláusula es rarísima en él, es el único sitio de todo este grupo donde le da al soñador algo que hacer, y por eso esta página la conserva y la pone justo al lado de la parte sombría en vez de dejarla al final. En la caja fuerte de guardar valores asociaba una fortuna que sorprende a los demás, porque las apariencias de uno son más modestas que sus medios: es la única línea francamente favorable del grupo. En el semisótano asociaba oportunidades que van a menos y un gusto que se convierte en preocupación. Y en la mazmorra —que es su sótano con cerrojo— asociaba forcejeos con los asuntos vivos de la vida, pero con un remate que también hay que conservar: obrando con criterio uno se desembaraza de los estorbos. Esa entrada limita con la página de la cárcel, que es donde vive el sentirse retenido; aquí se recoge por su sentido de abajo, y las dos se leen juntas.

El eje vertical entero, y sus dos excepciones

Lo mejor que este símbolo tiene es un par, y el par se registra aquí una sola vez para que la página de la azotea pueda enlazarlo sin repetirlo. Arriba, en el mismo libro: el desván, donde asociaba estar con hacerse ilusiones que no van a cuajar; y la buhardilla, a la que subir lo asociaba con correr detrás de teorías dejándole a otros lo áspero de la vida real. Abajo, lo que acabas de leer: duda, mengua y cosas guardadas fuera de la vista. Fíjate en lo que sale de juntarlos: en su casa, ninguno de los dos extremos es bueno. Ni el fondo ni el último piso. Es su idea estructural y va con su firma. Y tiene dos excepciones que él mismo pone, que son las que salvan la página de quedar en un solo tono: el sótano bien surtido de vino y provisiones, que asociaba con que a uno le ofrezcan parte en un provecho venido de una fuente dudosa — no un mal, un ofrecimiento que conviene mirar dos veces —, y la caja de valores de más arriba. Traducido a esta casa: lo de abajo no es lo malo. Es lo que no está a la vista, y a veces lo que no está a la vista es una reserva.

Para reflexionar

De todo lo anterior queda una pregunta, y no es sobre el sueño: en lo que traes entre manos estos días, ¿estás más cerca del sótano o del desván? Abajo es lo que guardaste y ya no miras; arriba es lo que te imaginas y no bajas a hacer. Contesta con uno y no con los dos: el libro del que salen ambos los escribió como los dos extremos de la misma casa, y quedarse en medio es justamente lo que él no ofrece.

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