La montaña es esfuerzo — y se lee por si la pasas
Las dos tradiciones coinciden en el eje y difieren en la meta, y las dos cosas se dicen. Coinciden: el monte soñado suele ser el esfuerzo en curso, y su lectura la decide si te ve pasar. Difieren en qué cuenta como pasar: el diccionario de 1901 premiaba llegar arriba — la cumbre no alcanzada cargaba con reveses; la subida por ladera verde y amable, con ascenso rápido —; el catálogo del siglo II premiaba otra cosa: pisar de nuevo el llano, o salir del monte por la otra vertiente — lo abrupto en sí le sonaba a malos ratos. Para uno la meta está arriba; para el otro, después. En nuestra clave, la pregunta que ambos dejan: eso cuesta arriba que traes entre manos, ¿lo estás subiendo para coronarlo — o para dejarlo atrás? No es la misma empresa, y confundirlas cansa doble. Los caminos de ese mismo capítulo antiguo viven en la página de perderse.