Dos frases, y las dos apuntan al mismo lado
La entrada del diccionario de 1901 es corta y llamativamente pareja. Verlos apesadumbrados o de mal humor lo asociaba con desavenencias y riñas; y verlos sin más, con horas que se van en roce y en conversación de la que no queda nada. Vale la pena señalar algo raro: es de las poquísimas entradas de todo ese libro sin ninguna variante favorable, ni una. Eso dice bastante de lo que la palabra «vecino» pesaba socialmente en 1901 y conviene tenerlo en cuenta antes de tomarlo al pie de la letra. Traducido a esta casa, con el tiempo verbal corregido — porque su registro es de anuncio y el nuestro no lo es —: este sueño suele acompañar temporadas en que hay una fricción cercana ya en marcha, del tamaño doméstico, de esas que gastan más de lo que parecen. Nada de eso dice qué va a ocurrir, ni qué siente nadie.