Significado de los sueños

Soñar con los vecinos

También buscado como: vecina · vecinas · mi vecino · mi vecina · el barrio · barrio

La gente de al lado, la del edificio, la de la cuadra — o el barrio entero como lugar: caminarlo, verlo cambiar, sentirlo distinto de como es. Esta página cubre las dos cosas a propósito, las personas cercanas y el sitio donde viven, porque en los sueños vienen casi siempre juntas y separarlas dejaría fuera la escena que más se cuenta. Honestidad de inventario, primero: de las tres fuentes de la familia, solo el diccionario de 1901 tiene entrada de vecinos, y es de dos frases; las otras dos no traen nada, y una de ellas trae además una palabra que engaña y que se aclara al final. Y el cierre de siempre: aquí no se lee lo que una persona de al lado piensa o siente sobre ti — eso no está en ningún sueño. Antes de las variantes, el dato que las gobierna: cómo se sentía el lugar y el ambiente, más que quién aparecía.

Lecturas por contexto

Dos frases, y las dos apuntan al mismo lado

La entrada del diccionario de 1901 es corta y llamativamente pareja. Verlos apesadumbrados o de mal humor lo asociaba con desavenencias y riñas; y verlos sin más, con horas que se van en roce y en conversación de la que no queda nada. Vale la pena señalar algo raro: es de las poquísimas entradas de todo ese libro sin ninguna variante favorable, ni una. Eso dice bastante de lo que la palabra «vecino» pesaba socialmente en 1901 y conviene tenerlo en cuenta antes de tomarlo al pie de la letra. Traducido a esta casa, con el tiempo verbal corregido — porque su registro es de anuncio y el nuestro no lo es —: este sueño suele acompañar temporadas en que hay una fricción cercana ya en marcha, del tamaño doméstico, de esas que gastan más de lo que parecen. Nada de eso dice qué va a ocurrir, ni qué siente nadie.

El contrapeso está en el mismo libro

Y conviene traerlo, porque una página construida sobre dos frases sin salida quedaría torcida. El mismo autor, en otra entrada — la de la descendencia propia, registrada en la página de los hijos —, usa la palabra «vecinos» de la única manera cálida en que la usa en todo el libro: acopla el buen ánimo de la casa con las voces alegres de los vecinos y de los niños, como si la casa y la cuadra fueran una sola cosa que suena bien o suena mal a la vez. Ese acoplamiento no es doctrina, es un giro de una frase, y así va marcado. Pero apunta a algo cierto y útil: en los sueños, el ambiente de alrededor y el ánimo de dentro rara vez van por separado.

Cuando el barrio cambia de cara

Esta lectura es nuestra y va declarada como derivación, no como hallazgo de ninguna fuente. Es la escena más contada de este símbolo y hasta hoy no tenía dónde leerse: uno camina por un sitio conocido y el sitio empieza a desmejorar — más feo, más cerrado, menos seguro —, y la desazón crece con cada paso. La regla de esta familia dice que la emoción de un sueño manda sobre la imagen; y del catálogo antiguo tomamos prestada, con préstamo declarado, su ecuación de que el terreno de donde uno viene funciona como el suelo propio — ecuación que él escribió sobre los padres y que aquí se aplica al barrio por derivación nuestra. De las dos cosas juntas sale esto: cuando en un sueño el entorno cambia de carácter mientras algo pasa entre las personas que hay dentro, lo más probable es que el entorno esté llevando el sentimiento de la escena, no informando sobre el lugar. El barrio que se afea no es un barrio: es el clima de lo que estaba ocurriendo ahí. Y si lo que ocurría era una discusión, la lectura de esa parte vive en la página de discutir.

Lo que no hay, y una palabra que engaña

Tres ausencias, dichas sin adorno. El catálogo del siglo II no tiene capítulo de vecinos: sus menciones son un símil de aves que se aficionan a un sitio y una escena de sobrevolar tejados y barrios. Freud tampoco trae doctrina: la palabra aparece tres veces en su primer volumen y ninguna es doctrinal. Y la advertencia que hay que dejar por escrito: en un pasaje del autor antiguo se lee «los vecinos», pero ahí la palabra dice «la gente que uno tiene cerca» y no las personas de al lado — ese pasaje pertenece a la página de los desconocidos y esta página no lo reclama. Es una coincidencia de palabra, de las que fabrican citas falsas si nadie las señala.

Para reflexionar

Si en tu sueño el lugar cambió de cara, párate en el momento exacto del cambio y congélalo ahí. No mires el barrio: mira qué estaba pasando entre ustedes justo un segundo antes. En este símbolo, el paisaje casi siempre llega tarde y repite lo que acaba de ocurrir.

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