Significado de los sueños

Soñar con un parque

También buscado como: jardín · plaza · el parque · la plaza

Un parque, una plaza, un jardín público: un sitio verde que alguien mantiene y por el que se pasea. No es el árbol ni la flor — eso tiene sus páginas, y allí está lo que crece — ni el agua de la fuente, que tiene la suya. Aquí se lee el sitio: cuidado o dejado, con gente o sin ella, cruzado o habitado. Una honestidad de balance, que es la prueba de esta página y que un revisor debería comprobar: hay una pata fuerte de una sola fuente y un marco antiguo, no dos patas. No se va a fingir una coincidencia que no existe. Y el eje de siempre, primero: cómo se sentía ese sitio — descanso, apuro, abandono, ganas de quedarse.

Lecturas por contexto

Cuidado o dejado, que es lo que el diccionario ve

Toda esta lectura viene del diccionario de 1901 y va con su firma, aunque sea tan clara que suene a hallazgo compartido. Pasear por un parque bien cuidado lo asociaba con un descanso que se disfruta. Un jardín lleno de plantas de hoja perenne y de flores lo asociaba con sosiego de ánimo y comodidad. Los parques mal llevados, sin hierba y sin fronda, los asociaba con un revés que no se veía venir — su palabra ahí es de las de aviso y queda en lo que describe. Y en su entrada del huerto, el que está estéril lo asociaba con oportunidades de subir que se están dejando pasar. Ahí está el eje entero, y es el mismo que la página de la casa carga para la vivienda: el estado del sitio se lee sobre el estado de quien lo sueña. Del lado antiguo lo que hay es un marco y no una pata: la regla de que todo espacio público comparte la lógica de la plaza de mercado — registrada una sola vez en la página del mercado, donde se enuncia — y una equivalencia de método, que lo que aparece en un campo se interpreta igual que lo que aparece en un jardín, y que ver a un labrador vale lo mismo que ver a un jardinero. Eso es una pata fuerte más un marco. Escrito así, se queda.

La pradera, donde las dos fuentes se dan la espalda

Es pequeña, es declarable y es un buen resumen de toda esta tanda. El diccionario asocia las praderas con reencuentros contentos y con un futuro que promete. El catálogo antiguo dice lo contrario: para él las praderas son trampa para el caminante, porque no tienen camino dentro — esa cláusula está registrada en las páginas de perderse y de las montañas y desde aquí solo se enlaza. El mismo terreno, veredictos opuestos, y la razón se ve a simple vista: uno está mirando una pradera y el otro está intentando cruzarla. No se promedia, se declara. Y de paso deja dicha en miniatura la regla de todos estos símbolos de lugar: lo que decide la lectura no es el sitio, es lo que estabas haciendo en él.

El banco, la fuente y la compañía

Tres cosas menores del diccionario, y una de ellas es sorprendentemente buena. En su entrada del banco: ver a otros sentados en uno lo asociaba con reencuentros felices entre gente que se había distanciado por malentendidos. Es cálida y encaja con el sitio. La otra mitad de esa entrada instala desconfianza hacia personas concretas del lector y no se recoge; si el sueño te dejó recelo, la lectura de esta casa es que el recelo ya venía contigo, no que el sueño te lo esté señalando. En su entrada de la fuente vuelve el eje de lo claro y lo turbio, que no hace falta re-derivar aquí porque la página del agua lo carga entero: la fuente clara con sol, favorable; la enturbiada, no; y su tercera línea, la de la fuente seca y rota, tiene un remate que esta casa no reproduce y del que solo se conserva que el disfrute se detiene. Y pasear acompañado por un parque o por un jardín lo asociaba con estar a gusto con alguien — su cláusula matrimonial, que es un pronóstico sobre un vínculo, se descarta y queda solo la compañía.

La regla de Freud para cuando no sabes qué sitio era

Freud no tiene símbolo de parque ni de jardín, y se declara. Lo que tiene es una regla sobre cómo se cuentan los sueños, y da la casualidad de que el ejemplo con el que la escribió es un jardín, lo que la convierte en la regla de esta página. Dice: cuando el que cuenta un sueño introduce una alternativa — «era un jardín o una habitación» — el sueño no mostró alternativa ninguna, sino las dos cosas juntas. El «o» pertenece a la vaguedad del recuerdo, no a lo soñado, y la manera correcta de interpretarlo es poner los dos miembros en el mismo plano. Es la frase más útil que cualquiera de estas quince páginas le puede dar a alguien: si no estás seguro de si era un parque o un patio, la duda no es un fallo tuyo ni hay que resolverla. Probablemente eran los dos, y las dos versiones se leen. La página de la habitación dice lo mismo desde el otro lado, y conviene leer las dos.

Para reflexionar

Haz el ejercicio de la regla anterior, que es corto y funciona. Escribe las dos versiones del sitio, una al lado de la otra: «era el parque de X» y «era el patio de Y». No elijas. Léelas juntas y fíjate en qué tienen en común — eso que comparten suele ser lo que el sueño estaba usando de las dos.

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