Lleno o vacío, que es el eje entero
El catálogo del siglo II abre su capítulo de la plaza de mercado por el ruido: es un sitio de revuelo y de bullicio, dice, por el gentío que se junta en él. Para él, el mercado es ruido antes que trato. El diccionario de 1901 llega por otro lado — estar en un mercado lo asociaba con laboriosidad y con mucha actividad en toda clase de ocupaciones —, y esa diferencia de punto de partida hay que dejarla dicha en vez de presentarla como coincidencia: uno está leyendo negocio y el otro está leyendo bullicio. Pero desembocan en lo mismo. El antiguo remata que, para quienes viven en la plaza o de la plaza, verla apretada de gente y en pleno revuelo es bueno. Y el diccionario, en su entrada de la tienda, asocia la que está vacía con esfuerzos que no llegan a nada y con roces; en la del mercado, el mercado vacío lo cargaba hacia un ánimo plano y detenido — su palabra ahí es de las que esta casa no usa, y queda traducida. Dos fuentes, dieciocho siglos de distancia, mismo eje: lleno se lee de una manera y vacío de otra. La mitad vacía, con su lectura doblada, está registrada en la página del desierto y desde aquí se enlaza.