Lo que se lee es el resultado dentro del sueño
El acuerdo aquí es de los más limpios de esta familia, y es además de los pocos accionables. El diccionario asocia estar metido de lleno en el trabajo con un logro merecido, ganado a fuerza de concentrar energía. El catálogo del siglo II lo dice como regla general y en abstracto: de todo aquello que uno aprendió, le enseñaron y ejerce de verdad — oficios o artes, da igual —, soñarse trabajando en ello y saliendo bien es bueno para cualquiera, sin distinciones. Y el diccionario vuelve por su cuenta desde otro ángulo: ver a otros trabajando lo asociaba con condiciones que acompañan, y trabajar uno mismo, en su entrada de la labor, con un panorama favorable para lo que se está empezando. Las dos fuentes ponen la lectura en lo mismo: no en el oficio, no en el lugar, sino en cómo salió la cosa dentro del sueño. Y tienen su contrapeso en el mismo libro moderno: el laboratorio, donde asociaba estar con energías grandes gastadas en empresas que no dan fruto, y la maquinaria, donde quedar enredado lo asociaba con pérdida y con mucho desánimo. Traducido a esta casa: si en el sueño el trabajo salía, la lectura es una; si se atascaba, se enredaba o no rendía, es otra — y ninguna de las dos habla de tu puesto.