Significado de los sueños

Soñar con comida

También buscado como: comer · comi · comia

Comida: una mesa puesta, un plato que llega o que se llevan, pan, fruta, carne — comer con hambre, comer sin hambre, o mirar comer. Es un material que el género trabaja desde antiguo, y las dos tradiciones lo hicieron con una misma vara que vale la pena conocer. Antes de las variantes, guarda el dato que las gobierna: cómo se sintió esa mesa — apetito, asco, prisa, calma de sobremesa.

Lecturas por contexto

La regla compartida: la comida que corresponde

La vara es esta, y las dos columnas la aplican cada una a su modo: la comida adecuada y en buen estado se leía hacia el sustento y la ganancia; la comida equivocada — verde, echada a perder, o impropia de quien la come — hacia la carencia. El diccionario de 1901 tiene el pan bueno al alcance como favorable y el impuro como miseria; la fruta madurando como prosperidad y la verde como esfuerzo malogrado. El catálogo del siglo II lo dice con su regla del pan de cada cual: el pan acostumbrado, bueno; el cambiado de estación o de condición, adverso — la comida debe corresponder a quien la come. Convertido a presente: el sueño de comida suele preguntar por el alimento en sentido ancho — lo que te nutre y lo que tragas sin que te corresponda: trabajos, tratos, rutinas. Lo que en el plato soñado estaba mal no suele ser comida.

El pan

El pan compartido y de todos los días es la variante más noble del símbolo, con matiz declarado: el 1901 asociaba partir el pan con otros con el sustento que alcanza y se sostiene; el antiguo leía bueno el pan propio de cada quien — y el de cebada, decía su leyenda, bueno para todos, por ser el primer alimento que los dioses dieron a los hombres. Una pata subraya el compartir; la otra, lo propio y cotidiano. El hilo común escribible: el pan soñado en su forma de siempre — el de tu mesa, con tu gente — cargaba bien. Cuando el pan del sueño es raro, ajeno o impropio, vuelve a la regla de arriba.

La carne

Aquí la tradición converge en un solo punto y se separa en el resto, y lo decimos tal cual: lo crudo cargaba mal en las dos columnas — el 1901 lo asociaba con el desánimo en lo que se busca; el antiguo lo leía como pérdida de algo propio, porque lo crudo no se asimila. Esa imagen quedó buena: lo que no se puede digerir — una noticia, un trato, un cambio — aparece crudo en el plato del sueño. Del lado cocido solo compartimos la forma general: la carne bien servida y en buen entorno tendía a leerse amable en ambas fuentes. En el detalle de cada plato ya no hay acuerdo, y no lo fabricamos.

Las frutas

El par más limpio de la página: la fruta madura y en su estación se leía hacia el favor y el placer — el antiguo añade, con su firma, que las manzanas dulces eran lo mejor para quien ama, por ser la fruta de Afrodita —; la verde y fuera de estación, hacia el esfuerzo en vano y el desencanto. La conversión es casi literal: hay cosas que se quieren cosechar antes de tiempo, y el sueño las sirve verdes. Si tu fruta soñada estaba madura, la pregunta es más amable: qué está en su punto en tu vida — y quién lo va a probar contigo. Y el cierre psicológico de la página, con su firma: Freud dejó apuntado que el niño y el preso sueñan el menú que el día les negó — y que la mesa del adulto, a veces, sirve otra hambre que la del estómago.

Para reflexionar

¿De qué tienes hambre esta temporada — y cuánto de eso se compra en un mercado?

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