Significado de los sueños

Soñar con una fiesta

También buscado como: una fiesta · celebración · festejo · pachanga · parranda · cumpleaños

Estar en una fiesta: un cumpleaños, una celebración, una casa llena de gente a deshora. Es una escena que contiene cuatro cosas que ya tienen página propia y conviene repartirlas de entrada, porque si no esta unidad se queda sin nada suyo: bailar es el baile, y allí vive además la partición antigua de bailar entre los tuyos o delante de extraños; la música es la música; la comida es la mesa; y el gentío es la multitud. Lo de aquí es la ocasión que las contiene y lo que la ocasión hace. Y es de los pocos símbolos donde la regla de esta casa — que la emoción manda sobre la imagen — no es un método sino literalmente la lectura: pregúntate primero cómo se sentía esa fiesta.

Lecturas por contexto

Lo que se lee es el ánimo del encuentro, no el encuentro

El acuerdo es corto y limpio. El diccionario de 1901, en su entrada de la fiesta como reunión de gusto, la asocia con que la vida tiene mucho de bueno — y le pone él mismo la condición, que es donde está toda la proposición: salvo que la fiesta sea de las desacompasadas, de las que no acaban de sonar bien. El catálogo del siglo II llega a lo mismo por la razón que da, no por la lectura: para él estas celebraciones funcionan porque los que las sostienen están en un estado de gran alborozo, y no es posible que alguien aguante en pie una velada así sin estarlo. Las dos fuentes ponen la lectura en el humor de la reunión y no en la reunión. Traducido a esta casa: si soñaste con una fiesta, lo que hay que mirar no es de quién era ni cuánta gente había, sino si aquello sonaba a gusto o sonaba desafinado. Un cumpleaños soñado con desazón y uno soñado con alegría son dos símbolos distintos, aunque tengan el mismo decorado.

La línea más amable de todo el catálogo antiguo

Con firma, prominente, y viene ya con su propio matiz puesto, que es lo raro en ese autor. Dice que las veladas y las celebraciones nocturnas se ha observado que producen, en los que están apenados y en los que tienen miedo, alivio del miedo y ausencia de pena. Fíjate en cómo lo dice: no lo anuncia, lo registra como observación; y le pone debajo un mecanismo de lo más ordinario, que es el de la frase anterior — que a una velada así no se aguanta sin estar de buen ánimo. Es de los poquísimos lugares de la tradición antigua donde un signo de sueño es directamente consolador, y llega sin necesidad de traducirle nada. Si tu sueño de fiesta te dejó mejor de lo que estabas, ese autor tenía escrito por qué hace dieciocho siglos. La página del llanto y ésta hacen, inesperadamente, una buena pareja.

La ocasión junta gente

Segunda pata, más estrecha, y a esa altura se queda. El antiguo asocia estas celebraciones con lo que une a la gente — nombra los matrimonios y las sociedades — y el diccionario, por su lado, con que la vida tiene de dónde. Puesto en nuestra clave y sin pronóstico ninguno: este sueño suele acompañar temporadas en que algo se está juntando, o en que a uno le está haciendo falta que se junte. Y una nota de reparto, que es la mitad del oficio de esta página: si lo memorable era que estabas bailando, la lectura está en la página de bailar, que además carga la partición según quién te miraba y esta unidad no repite; si era la música, en la suya; si era la mesa, en la de la comida; si lo que impresionaba era la cantidad de gente, en la de la multitud; y si era con quién estabas, en la de los amigos. Aquí se queda la ocasión y lo que la ocasión hace, que es lo único que ninguna de esas cubre.

La misma fiesta según quién la vive, y el silencio de Freud

Con firma otra vez, y rima con algo de esta misma tanda. El antiguo parte su capítulo por la posición del que sueña: a los que tienen una vida vistosa, decía, estas celebraciones les traen revuelo y habladurías — y añade en la misma frase que aquello acaba sin dejar pena, matiz que aquí se transcribe literal porque sin él la cláusula se convierte en una amenaza a la reputación de nadie; y a los que andan cortos de medios, las asocia con provecho y con adquisición. Es la misma idea que la página del mercado carga para la plaza: no la escena, sino tu lugar en la escena. Que la misma regla salga en dos capítulos distintos de los que esta tanda trabajó, y sin que él lo señale en ninguno, es un hallazgo que vale la pena dejar escrito una vez a nivel de familia. Y para cerrar, la ausencia: en el primer volumen de Freud no hay doctrina de fiesta, ni de celebración, ni de festejo, y se declara. Lo más cercano son una procesión que aparece como resto del día dentro de otro análisis y una cena que no llega a celebrarse. Ninguna de las dos se estira aquí hasta parecer una pata.

Para reflexionar

Ubícate en la fiesta del sueño: ¿ibas llegando, estabas en medio, o te estabas yendo? Casi todo el mundo puede contestarlo y casi nadie lo había pensado. Llegar, estar y despedirse son tres ánimos distintos, y en este símbolo el tramo en el que te tocó estar suele decir más que la fiesta.

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