Lo que se lee es el ánimo del encuentro, no el encuentro
El acuerdo es corto y limpio. El diccionario de 1901, en su entrada de la fiesta como reunión de gusto, la asocia con que la vida tiene mucho de bueno — y le pone él mismo la condición, que es donde está toda la proposición: salvo que la fiesta sea de las desacompasadas, de las que no acaban de sonar bien. El catálogo del siglo II llega a lo mismo por la razón que da, no por la lectura: para él estas celebraciones funcionan porque los que las sostienen están en un estado de gran alborozo, y no es posible que alguien aguante en pie una velada así sin estarlo. Las dos fuentes ponen la lectura en el humor de la reunión y no en la reunión. Traducido a esta casa: si soñaste con una fiesta, lo que hay que mirar no es de quién era ni cuánta gente había, sino si aquello sonaba a gusto o sonaba desafinado. Un cumpleaños soñado con desazón y uno soñado con alegría son dos símbolos distintos, aunque tengan el mismo decorado.