El baile de puertas adentro
El acuerdo de fondo entre las dos tradiciones: el baile en confianza — uno mismo, los suyos, la casa — cargaba bien. El diccionario de 1901 leía el bailar propio hacia la fortuna que llega sin avisar, y el baile de mayores y de niños hacia el hogar alegre y los asuntos que levantan. El catálogo del siglo II partía de otro sitio: del cuerpo destrabado. Su razonamiento, resumido, era que las deudas quitan las ganas de baile, de modo que verse bailando retrataba a alguien con las cuentas en paz; y pedía además que la escena fuera de puertas adentro, entre los propios. En nuestra clave: este sueño suele acompañar temporadas — o ganas — de soltar el cuerpo entre gente que no te examina.