Significado de los sueños

Soñar con un abrazo

También buscado como: abrazo · abrazos · un abrazo · abracé · me abrazó

Un abrazo dentro del sueño: uno que das, uno que recibes, uno que dura más de la cuenta o que llega de quien no esperabas. Es la única página de este grupo cuyo asunto es la ternura, y merece leerse con ese ánimo. Dos apuntes de camino: si lo que recuerdas era el beso más que el abrazo, la página de los besos guarda ese material entero; y si el abrazo era con la pareja, la página de la pareja tiene su reparto. Aviso de inventario, porque este símbolo lo necesita: el catálogo del siglo II no tiene capítulo de abrazos — solo usa el gesto como explicación mecánica dentro de otros capítulos, y esos están registrados donde corresponde —, y en Freud la palabra prácticamente no aparece. Lo que sí hay es una contradicción de frente entre las dos fuentes tradicionales, y sobre ella está construida esta página. Antes de leer: qué sentiste dentro del abrazo — consuelo, incomodidad, despedida, alivio.

Lecturas por contexto

Dos libros que se contradicen sobre el mismo gesto

Aquí no hay acuerdo que salvar y por eso se declara. El diccionario de 1901 lee el abrazo del lado malo: su entrada lo asocia con desavenencias y reproches en la familia, y la entrada vecina, la del abrazo estrecho, con quedar uno decepcionado en afectos y en asuntos. El catálogo del siglo II lee el contacto afectuoso del lado bueno: acercarse a los íntimos, hablarles y besarlos le parecía cosa buena, porque lo asociaba con palabras gratas dichas y oídas, y llegaba a sostener que tratar así a un enemigo disuelve la enemistad — ese pasaje está registrado en la página de los amigos y aquí nos apoyamos en él sin repetirlo. Mismo gesto, dos autores, valencias opuestas. No las fundimos ni elegimos una: se anota la discrepancia y sigue en el registro de contradicciones de la casa, junto a la que ya tenía la página de nadar.

Lo que sí comparten: el modo

Y es lo que hace utilizable la página a pesar de la contradicción. El diccionario, sin darse cuenta, cifra su propia lectura mala en un detalle: no es el abrazo lo que carga mal, es el abrazo dado con pesadumbre o con indiferencia — y él mismo deja escrito, en su cláusula sobre los enamorados, que si la escena transcurre en buen ambiente cabe esperar lo contrario. O sea que su propia entrada admite que la atmósfera decide. El catálogo antiguo cifra la suya en quién: su capítulo gradúa el acercamiento según sea a un simple conocido, a un íntimo o a un enemigo, y de ahí salen tres lecturas distintas del mismo gesto. Uno pone la bisagra en el cómo y el otro en el a quién, pero los dos la ponen en la circunstancia del contacto y no en el contacto. Ese es el núcleo operativo de esta página: si soñaste un abrazo, lo que hay que recordar primero no es que hubo abrazo — es de qué manera fue y con quién.

El círculo que la tradición se molestó en nombrar

Lo más singular que este símbolo tiene, con firma. En un capítulo dedicado a partes de la cara, Artemidoro se detiene a decir que los labios hay que entenderlos como figura de aquellos que nos reciben y nos besan en cada ocasión, y glosa la categoría sin dejar dudas: gente así puede ser la pareja, los hijos, un pariente. La anatomía del capítulo no nos interesa y su cláusula de daño se descarta entera; lo que vale es el movimiento: la tradición tenía un NOMBRE para el círculo de personas con las que uno tiene contacto físico, y lo distinguía del resto de la gente conocida. Traducido, es una pregunta bastante honesta: la lista de quienes te abrazan sin pedir permiso es corta y no coincide del todo con la de tus afectos. Un sueño de abrazos suele estar tocando esa lista — quién está dentro, quién salió, quién nunca entró.

La inversión del propio diccionario, y el invitado inesperado

Dos observaciones para cerrar, y la primera es sobre el libro más que sobre el sueño. En el mismo autor, las entradas del abrazo son adversas mientras que las del beso y las del amor son francamente buenas — el material cálido del beso está entero en su propia página y aquí no se repite; de la entrada del amor sí tomamos lo suyo: amar en sueños lo asociaba con estar a gusto en el propio ambiente, y el afecto de los padres, con rectitud y con avanzar sin sobresaltos. Misma mano, entradas contiguas, valencias opuestas, y él no explica por dónde pasa la raya. Se reporta como lo que es —una observación sobre la fuente, no un hecho sobre el símbolo— y quien quiera el lado cálido lo tiene entero en la página de los besos. La segunda es pequeña y da gusto: abrazar en sueños a alguien desconocido lo asociaba con una visita inoportuna. Se conserva por rara y sin ninguna carga; y como la figura desconocida tiene doctrina propia — que suele remitir al soñador mismo—, se deja ahí, con su punto de comedia: hay visitas que uno se hace a sí mismo.

Para reflexionar

Cuenta con los dedos de una mano quiénes son hoy las personas que te abrazan sin pedir permiso. Si te sobran dedos no es una cuenta que califique nada, y si te faltan tampoco. Pero fíjate en si alguno de esos nombres te sorprendió — y en si el del sueño estaba en la lista.

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