La persona vista vale por el asunto
Este es el acuerdo, y tiene una particularidad que conviene decir en voz alta: las dos fuentes no coinciden solamente en la dirección de la lectura, coinciden en el mecanismo, cosa poco frecuente en este corpus. Artemidoro lo enuncia como regla general en su capítulo sobre la gente con que uno se topa: a las personas observadas en un sueño hay que tomarlas como figuras de los asuntos de uno — las amistosas, de los asuntos que van bien; las que hacen daño, de los que van mal —, y aclara que la regla vale igual si esa gente vive o ya no. El diccionario de 1901 no formula nada, pero opera igual: al amigo visto bien y contento lo asociaba con buenas nuevas de él o con volver a verlo pronto, y a la escena del amigo que se despide dolido, con desencuentros y distancia. Traducido a esta casa: cuando en tu sueño aparece un amigo, la pregunta rentable no es qué le pasa a él, sino qué asunto tuyo lleva su cara puesta.