Significado de los sueños

Soñar con tu jefe

También buscado como: jefa · mi jefe · mi jefa · patrón · supervisor · gerente

Tu jefe o tu jefa aparece en el sueño: pidiéndote algo, mirando por encima del hombro, o simplemente ahí, en una oficina que no es la tuya. Conviene aclarar de qué símbolo hablamos, porque hay dos vecinos muy cerca. Uno es la autoridad institucional — el uniforme, el juzgado, la que te detiene en la calle —, y esa vive entera en la página de la policía. El otro es la figura del padre, y aquí no se colapsan: convertir al jefe en el padre es un movimiento que ninguna de nuestras fuentes hace y esta página no lo hará por ellas; lo único que sí se puede decir sobre ese parecido está más abajo y viene con firma. Lo de esta página es la autoridad cotidiana, la persona a la que uno le responde el lunes. Y el eje de siempre: cómo te sentiste ahí dentro — a gusto, evaluado, invisible, con ganas de irte.

Lecturas por contexto

La lectura es de encaje, no de miedo

Aquí las dos fuentes coinciden en algo mejor de lo que el símbolo prometía: el sueño de estar bajo la autoridad de alguien se lee como una lectura de tu posición, no como noticia sobre esa persona. El diccionario de 1901 lo hace en su entrada de amo y patrón, que trae una bisagra doble y es un regalo estructural: la misma relación leída desde los dos extremos. Su primer extremo — tener uno un amo — lo asociaba con no estar en punto de mandar y con rendir mejor bajo la conducción de alguien de carácter firme; el segundo se lee más abajo, en esta misma página. El catálogo del siglo II opera igual desde otro lado: soñarse al mando de una tropa lo leía distinto según a quién le pasara — bien para quien ya está acostumbrado a mandar, revuelto y escandaloso para el que no tiene con qué —, es decir, la misma escena cambia de lectura según si el cargo le queda a uno. Traducido: este sueño suele estar midiendo el ajuste entre lo que haces y el lugar desde el que lo haces. Que la figura te resultara amable o temible es un dato de tu encaje, no de su carácter.

La línea del secretario, que no necesita traducción

Con firma, y es la mejor frase que este símbolo tiene en cualquiera de los dos libros. Artemidoro, en su capítulo de cargos y oficios, asocia el soñarse haciendo de secretario con andar preocupado por asuntos que son de otro y no le tocan a uno — y de ahí, decía, salen cansancio y fatiga para quien sueña, y ningún provecho. Dieciocho siglos después no hay una sola palabra que cambiarle. En el mismo capítulo tiene otras dos que aguantan igual de bien. Una: hacerse cargo de una casa, de una asociación o de una tutela impone fastidios y molestias a cualquiera — sobre todo, anotaba, a los que se imaginan siendo generosos a su propia costa. La otra, y es la más moderna de las tres: quien administra un mercado será censurado de todos modos, porque es imposible hacer ese trabajo y librarse de la queja. Si tu sueño de trabajo era de esa clase — cargar con lo que no es tuyo, quedar mal hagas lo que hagas —, la tradición ya tenía el retrato hecho.

Cuando el sueño te pone al mando

La otra punta de la bisagra, y las dos fuentes la tienen. El diccionario asocia el mandar en sueños con criterio y con posición, pero le pone un reparo que vale la pena conservar: dar una orden en el sueño lo leía bien salvo si se daba de manera altanera o fanfarrona, y entonces al revés. Y su entrada mirando hacia abajo funciona con la misma bisagra de talante: al empleado soñado de mal modo lo asociaba con contrariedades y con desorden, y al que aparece cordial y con algo que contar, con no tener por qué esperar apuros al despertar. Del mismo libro, su entrada de sueldos, en el desorden en que a nosotros nos sirve: el aumento lo asociaba con provecho fuera de cuenta, y recibir la paga, con algo bueno no buscado para quien está empezando algo. En nuestra clave, y sin pronóstico ninguno: estas escenas suelen retratar cómo estás valorando hoy lo que haces — y quién crees que lo está valorando contigo.

El parecido con otra figura, dicho con la única licencia que hay

Pasa a todo el mundo: era el jefe, pero también era otra persona. Freud no dejó doctrina del jefe como símbolo — se declara, y en su libro los superiores aparecen dentro de sus propios sueños de muestra, como material de análisis y no como entrada de diccionario. Lo que sí dejó, y explica exactamente este informe, es el mecanismo de la figura compuesta: un personaje soñado puede llevar el nombre de uno, la cara de otro y los gestos de un tercero. Está registrado en la página de los desconocidos y allí se lee entero. Esa es la única manera legítima que esta página tiene de tocar el parecido entre el jefe y el padre: como composición de un sueño, nunca como ecuación. Y una nota de reparto: si en el sueño la discusión con la autoridad era el centro, la página de discutir tiene la lectura de la cercanía, que viene del mismo capítulo antiguo sobre enemistad.

Para reflexionar

Haz una cuenta rápida y sin adornos: de una semana tuya de trabajo, ¿qué parte se te va en asuntos que en rigor son de otro? No hace falta que la cifra sea exacta. Si al calcularla sentiste algo antes de terminar de calcularla, esa reacción es el dato.

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