Significado de los sueños

Soñar con un hotel

También buscado como: un hotel · motel · hostal · hospedaje · un cuarto de hotel

Dormir fuera de casa: un hotel, un hostal, un cuarto que es tuyo por una noche. Casi siempre este sueño es en realidad un sueño de habitación, así que las dos páginas se disparan juntas y conviene leerlas seguidas. Y un cierre que va antes que todo lo demás, porque es la pregunta con la que mucha gente llega aquí: esta página no dice nada sobre con quién estabas ni sobre la conducta de nadie. No lo dice el sueño y no lo va a decir esta casa. Si llegaste con esa inquietud, la página del engaño existe, trata el asunto con su propia regla, y ni siquiera allí se lee lo que hace una persona real. Aclarado eso: el eje, como siempre, es el ánimo — de paso, en falso, cómodo, sin encontrar el cuarto.

Lecturas por contexto

El hotel es el sitio de estar entre dos sitios

Aquí las dos fuentes coinciden, y es lo que justifica que esta página no sea un párrafo dentro de la casa. El diccionario de 1901 tiene una entrada larga para lo que suele dar, y su mejor línea es también la más moderna: andar buscando hotel, sin encontrarlo, lo asociaba con una búsqueda de holgura y de bienestar que no termina de dar. Ser el dueño lo asociaba con reunir toda la fortuna que uno va a tener; vivir en uno, con desahogo y provecho; trabajar en uno, con que podría haber ocupaciones que rindan más. Cuatro escenas, y lo que las ordena no es el hotel sino la relación del soñador con él: huésped, dueño, empleado, buscador. El catálogo del siglo II dice algo compatible desde su capítulo de la posada, que tiene cuatro frases y esta página no finge que tenga más: para cualquiera que no esté en cama, decía, la posada apunta a presiones, a dificultades, a movimientos y a viajar fuera. Las dos fuentes hacen del alojamiento una señal de estar en marcha, no de estar alojado. Ahí está la pata, y es la razón entera de esta página.

El estado del sitio, y una diferencia de tono que hay que declarar

El diccionario tiene, en su entrada de la posada, la partición por estado dicha con toda limpieza: una posada amplia y bien puesta la asociaba con prosperidad y con gusto. En su entrada del hotel, ver un hotel elegante lo asociaba con holgura y con viajes. Y la otra mitad de aquella partición: la posada venida a menos y mal llevada la asociaba con poco éxito, con tareas pesadas y con viajes que no salen a gusto. Hay que ser exacto con lo que esto vale: el lado antiguo no tiene partición por estado, así que esto es una pata y media, no dos — la regla general de que el estado del sitio se lee sobre el estado de quien lo sueña está registrada en la página de la casa y aquí se apoya. Y ya que estamos con el tono, la diferencia más interesante de esta página, que se declara en vez de promediarse: el hotel del diccionario carga francamente favorable — desahogo, provecho, holgura — y la posada del antiguo carga francamente desfavorable — presiones, dificultades. La razón se ve a simple vista y por eso la divergencia no es un choque: uno está describiendo un sitio de recreo y el otro un sitio de tránsito. Sumado a lo anterior, su entrada de la casa de huéspedes empuja hacia el mismo lado del antiguo: la asociaba con enredo y desorden en lo propio y con que uno acabe mudándose.

El que acoge a cualquiera, y el hotel que no es un símbolo

Dos cosas con firma, una de cada lado, y son las mejores del símbolo. Del antiguo, su explicación de por qué la posada apunta a lo que apunta: la figura del posadero acoge a cualquiera, sin escoger. La lectura fatal que él le colgaba a esa comparación no se recoge en ninguna forma, y se dice; pero la descripción sobrevive intacta a esa amputación, porque describe y no anuncia. Añade que la posada apunta a lo mismo que el posadero, que es exactamente la regla que él aplica a los talleres y a sus artesanos y que está registrada en la página del trabajo — un eco real y vale una cláusula. Y remata negándose a explicarlo, con el argumento de que para qué explicar lo que está claro; es una frase de mal genio del siglo II y da gusto encontrarla.

De Freud sale la otra, y es una desinflada de las que a esta casa le sirven. En su capítulo sobre cómo el sueño comprime material, analiza un sueño propio en el que aparece una posada modesta en cierta calle. El análisis no va hacia lo que las posadas quieren decir: va hacia la calle, hacia una persona que había vivido en ella, hacia un hotel cercano donde él se había alojado un verano, hacia una réplica que le hizo un cochero discutiendo si aquel sitio era hotel o posada, y de la palabra «posada» directamente a unos versos famosos en los que el posadero acogedor resulta ser un árbol. Su conclusión no es una lectura: es un mecanismo. Dicho para esta página, y con su firma: el hotel de Freud no es símbolo de nada — es una palabra que el sueño eligió porque era un cruce de caminos. Hablar de un juego de palabras como juego de palabras está permitido aquí; convertirlo en «soñar con una posada quiere decir…» no lo está, y esta página no lo hace. De otro caso suyo se recoge solo la estructura, sin nada del contenido: hay sueños de hotel cuyo nudo es equivocarse de cuarto, y ese motivo es frecuente de verdad.

Para reflexionar

Nombra dos sitios: de dónde vienes y adónde vas. No en el sueño — en tu vida de estas semanas. Un hotel soñado suele aparecer justo cuando el segundo nombre está en blanco, y descubrir si puedes decirlo en voz alta es media lectura de esta página.

¿Quieres leer tu sueño entero?

Un símbolo suelto es la mitad de la historia. Cuéntanos el sueño completo y lo cruzamos con tu carta: gratis, sin email, y sin guardar nada de lo que escribas.

Interpreta tu sueño →

← Todos los símbolos