El hotel es el sitio de estar entre dos sitios
Aquí las dos fuentes coinciden, y es lo que justifica que esta página no sea un párrafo dentro de la casa. El diccionario de 1901 tiene una entrada larga para lo que suele dar, y su mejor línea es también la más moderna: andar buscando hotel, sin encontrarlo, lo asociaba con una búsqueda de holgura y de bienestar que no termina de dar. Ser el dueño lo asociaba con reunir toda la fortuna que uno va a tener; vivir en uno, con desahogo y provecho; trabajar en uno, con que podría haber ocupaciones que rindan más. Cuatro escenas, y lo que las ordena no es el hotel sino la relación del soñador con él: huésped, dueño, empleado, buscador. El catálogo del siglo II dice algo compatible desde su capítulo de la posada, que tiene cuatro frases y esta página no finge que tenga más: para cualquiera que no esté en cama, decía, la posada apunta a presiones, a dificultades, a movimientos y a viajar fuera. Las dos fuentes hacen del alojamiento una señal de estar en marcha, no de estar alojado. Ahí está la pata, y es la razón entera de esta página.