Cómo era el camino
Aquí las dos fuentes tradicionales coinciden con dieciocho siglos de distancia: el viaje soñado se lee por cómo se viajaba, no por el hecho de viajar. El tramo amable — verde, mar en calma, buen paso — cargaba bien en las dos; el áspero — pedregal, tormenta, terreno desconocido — cargaba con inquietud y oposición. En nuestra clave: el sueño puede estar retratando cómo sientes la marcha de lo que llevas entre manos; el paisaje es el estado del proyecto, no el parte del camino real. Si el centro del sueño era no saber dónde estabas, esa es otra página: la de soñar que te pierdes.