Dos tradiciones, dos ventanas
Aquí las fuentes no se encuentran, y lo declaramos como el dato principal. El diccionario de 1901 sueña la ventana como umbral de mirar y de escapar — y la lee sombría casi entera: su entrada es de esperanzas que se tuercen, y no se lo lavamos. El catálogo del siglo II ni siquiera la mira como abertura: en su mapa de la casa, cada muro era alguien de dentro — y el muro de la ventana era la señora de la casa; la otra mitad de ese mapa, la puerta y su dueño, vive en la página de las puertas y no se reescribe. Lo mínimo que ambos marcos comparten, escrito con cuidado: la ventana pertenece al adentro íntimo — lo que le pasa a la ventana le pasa, de algún modo, a alguien de dentro. Si tu sueño la trataba mal, la pregunta es a quién de tu casa interior le llega ese golpe.