Significado de los sueños

Soñar con el sol

También buscado como: amanecer · atardecer

El sol protagoniza el sueño: sale, cae, rompe las nubes, o se ve raro — apagado, fuera de sitio, de un color que no es. Lo que la luz te hacía sentir es el dato: amparo, exposición, o el desasosiego particular de un sol que no se comporta. En el primer tomo de Freud el sol no aparece como símbolo — apenas en símiles sobre la luz del día —, y se dice; esta página se sostiene en las dos tradiciones.

Lecturas por contexto

El eje de la familia del cielo

Lo escribimos aquí una sola vez, porque gobierna también a la luna y a las estrellas: en toda la familia celeste, las dos tradiciones sostienen lo mismo — el cielo alterado inquieta; el cielo en su estado natural carga bien. El sol es el caso mayor: raro o ensombrecido acompañaba tiempos revueltos en ambas fuentes; radiante y saliendo por donde debe, logro y buen paso. Y el catálogo del siglo II le añadía su seña propia, atribuida: al sol no se le esconde nada — su sol solo era mal sueño para quien necesitaba esconder algo. Ese hilo de la exposición lo trabaja, en versión propia, la página del desnudo. En nuestra clave: el sol soñado suele retratar la fuente principal de calor de tu vida — un vínculo, un oficio, tu propio ánimo — y su estado, cómo la sientes hoy.

Si el sol se apagaba

En el sol a media luz las fuentes no pesan igual, y lo declaramos: el diccionario de 1901 leía su sol raro o velado como tramo difícil que pasa — y que deja los asuntos mejor que antes; el catálogo antiguo lo leía sin ese alivio — adverso para casi todos, con una sola excepción, suya y citada como tal: a quien buscaba escabullirse de algo, la luz menguada lo favorecía. No promediamos: esta casa escribe la variante con salida — tramo duro, no sello — y deja constancia de que la fuente antigua era más severa. En presente: puede acompañar épocas en que lo que te daba calor se siente velado; cuánto va a durar se sabrá solo; qué lo está tapando sí se puede mirar hoy.

Dónde andaba el sol

Otro acuerdo con dos escenografías, ambas citadas: las dos tradiciones leen la posición del sol como la hora de la vida. El diccionario de 1901 con el arco del día — su ocaso invitaba a cuidar lo ya ganado; su mediodía era la ambición en sazón —; el catálogo antiguo con el rumbo: el sol saliendo por donde no debe le sonaba al mundo puesto al revés — lo escondido sale, lo esperado se invierte —, y en su curso de siempre, favorable. No fundimos los escenarios; lo compartido es la mecánica: dónde estaba tu sol puede apuntar a en qué hora sientes lo tuyo — subiendo, en lo alto, o en la tarde de una etapa.

Si la luz rompía las nubes

El acuerdo amable del símbolo: la luz abriéndose paso se lee como alivio en ambas tradiciones — el sol entre nubes acompañaba aprietos que aflojan en 1901; y el catálogo antiguo prefería el rayo de sol que entra a la casa antes que el sol entero metido en ella: alumbra sin quemar. Si tu sueño fue de luz que vuelve, suele acompañar la sensación de estar saliendo de algo; disfrútala sin pedirle fecha.

Para reflexionar

Si la palabra «calor» solo pudiera definirse con cosas de tu vida actual, ¿qué entraría en la definición? ¿Y qué entró hace años y sigue en la lista por pura costumbre?

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