Significado de los sueños

Soñar con tu padre

También buscado como: papá · papi · mi papá · mi viejo · mis padres

Aparece tu padre, o los dos juntos: sentados en la casa, dándote una opinión, mirándote hacer. Como en toda esta familia, el cierre va primero — esta página no lee nada sobre una persona real, ni su vida ni lo que le viene, y si el sueño fue con alguien que ya murió, esa visita está leída en la página de los muertos. Dos aclaraciones más de reparto, porque son fáciles de confundir. La primera: la autoridad del trabajo no es este símbolo — el jefe soñado tiene página propia y aquí no se mezclan, porque volverlos uno solo es un movimiento que ninguna de nuestras fuentes hace. La segunda: la entrada del diccionario de 1901 dedicada al padre a secas es de tres frases y dos se caen por registro, así que buena parte de lo que sigue viene de su entrada sobre los progenitores como pareja, que esta página guarda por las dos. Y el eje de siempre: qué sentiste dentro de la escena — respaldo, reproche, alivio, incomodidad.

Lecturas por contexto

El acuerdo, y a qué altura se sostiene

Sirve dicho con precisión: lo que convergen las dos tradiciones no es una lectura del padre, es una lectura de los progenitores como terreno. El catálogo del siglo II lo escribe como ecuación en su capítulo de padrastros — el padre y la madre son como la tierra de uno; quien viene de fuera y ocupa ese sitio, como un país ajeno —, y añade que la figura del padrastro carga lo mismo que la de la madrastra pero con menos fuerza. El diccionario de 1901 llega ahí sin ninguna teoría: a los progenitores vistos alicaídos los asociaba con cosas buenas que pasan de largo sin que uno las note, y vistos robustos y contentos, con un entorno favorable y asuntos que florecen. Traducido a esta casa, y no más abajo: esta escena suele estar retratando cómo sientes hoy el suelo del que vienes — firme, movido, lejano.

Una sola frase, y se dice que es una sola

Honestidad de inventario: en el diccionario de 1901 el padre soñado tiene exactamente una línea utilizable, y su forma es dificultad más consejo — la figura aparece cuando algo se pone cuesta arriba y hace falta buen criterio para salir. Es pata única y se atribuye. Lo que sí conviene reportar es que la misma forma le sale a este autor en su entrada de los abuelos: dos veces, en dos generaciones distintas, el mayor aparece cuando algo aprieta y trae consigo con qué. Eso es un autor coincidiendo consigo mismo, que pesa menos que dos autores coincidiendo, y por eso va marcado. Del lado antiguo hay un refuerzo distinto y de otra clase: en su lista de figuras a las que hay que creer si hablan en un sueño están los padres — de esa lista aquí solo va su peldaño —, de modo que si en tu sueño él dijo algo, la tradición manda atender a lo dicho antes que a la escena.

Un motivo que aparece dos veces, con dieciocho siglos en medio

Esto es una coincidencia, no un acuerdo, y la diferencia importa lo suficiente para escribirla. Dentro de su capítulo sobre la madre, Artemidoro registró de pasada una enemistad entre padre e hijo nacida de celos: la anota como consecuencia de una escena soñada, sin teoría detrás. Diecisiete siglos y medio después, Freud reconstruye una rivalidad entre el hijo y el progenitor de su mismo sexo, pero por otro camino entero — la historia temprana de un afecto, no el desenlace de una escena. Su reconstrucción, con su límite y sus condiciones, está registrada en la página de la madre y esta no la repite. Lo que sí hace esta página es reportar el cruce y negarse a fundirlo: dos autores, un mismo motivo, dos mecanismos que no se dejan sumar. Que el motivo esté en un libro del siglo II no confirma la teoría del siglo XX; solo dice que la fricción entre generaciones es vieja.

La parte de Freud que no habla de tu padre

Hay en su libro un material sobre padres e hijos que es seguro precisamente porque no es doctrina de sueños: es un argumento sobre cómo han estado armadas las familias. Recordaba la mitología del padre que devora a sus hijos y del hijo que destrona al suyo; observaba que en las casas antiguas, allí donde la autoridad paterna no encontraba tope alguno, ese padre terminaba mirando a su heredero como a un contrario; y bajaba el argumento a su propia época — el padre burgués que niega al hijo el derecho de elegir su camino, o los medios de tomarlo, pone él mismo el germen de la aspereza. Anotó también la versión entre madre e hija: la hija ya adulta que encuentra en la madre el obstáculo de su propia libertad. Va aquí en tercera persona y así se queda: es una observación sobre familias en general, no sobre la tuya, y quien tenga que aplicarla sabrá si le corresponde.

Para reflexionar

Completa esta frase sin pensarla mucho, con lo primero que aparezca: «Cuando algo se me pone cuesta arriba, la voz que me sale por dentro se parece a la de ___». No hace falta que la respuesta sea la del sueño. Es más interesante si no lo es.

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