El oro que llega
Recibirlo, hallarlo, tenerlo en la mano: en ambas tradiciones cargaba bien. El diccionario de 1901 lo asociaba con la empresa que sale y el reconocimiento ganado; el catálogo del siglo II llegó a corregir a otros intérpretes para dejarlo claro: el oro no es adverso por ser oro — al pobre que se soñaba hecho de oro le veía bonanza, y a quien le correspondía llevarlo por su cargo, el cargo mismo. En nuestra clave: el oro soñado suele hablar del propio valor en juego — lo que sientes que vales, lo que empieza a rendirte, el reconocimiento que llega o que reclamas. Si lo que brillaba era una pieza puesta — anillo, collar —, su página es la de las joyas: aquí se queda el metal y su medida; allá, el vínculo que se lleva puesto.