Frescas o marchitas
Las dos tradiciones cortan este símbolo por el mismo sitio: la flor a tiempo y la flor a destiempo. La marchita, seca o fuera de temporada cargaba con pérdida, ausencia y afecto lastimado; la fresca, abierta y en su estación, con alegría, favor y ocasión. El catálogo del siglo II lo dijo como regla general antes de entrar en especies; el diccionario de 1901 la repite entrada por entrada sin darse cuenta de que es una sola. En nuestra clave: pregúntate qué estás viendo marchitarse — o abrirse — en la vida despierta: un vínculo, un ánimo, un proyecto que fue tierno. La flor soñada suele ser un parte de jardinería sobre algo tuyo.