El encanto que no te convence
Aquí las dos tradiciones dicen lo mismo con dieciocho siglos de distancia, y lo dicen claro: el mono soñado ronda a la persona falsa de trato dulce — quien halaga por interés, quien actúa la amistad, quien te trabaja la vanidad para su propio avance. El diccionario de 1901 lo asocia con aduladores; el catálogo del siglo II lo escribió más seco: charlatanes. En nuestra clave, con la vuelta de siempre: el sueño no señala a nadie con el dedo; da forma a una sospecha que ya traes — ese cumplido que te dejó más alerta que halagado, esa cercanía nueva que no te cuadra. La página del diablo trabaja este mismo miedo con otro vestuario.