Un rato retenido, y después paso
El acuerdo es estrecho y es real, y es además la parte consoladora de la página. El catálogo del siglo II tiene una figura para el punto de salida — el cobrador de peaje — y de él dice, para los que se disponen a ir a alguna parte, algo exacto: como siempre está en las salidas, trae demoras pequeñas, y después deja moverse y usar cualquier ruta para el viaje. Sin anuncio, sin desenlace, sin carga: un rato retenido, y después paso. El diccionario llega a lo mismo por dos entradas menores. En la del retraso, ser demorado lo asociaba con algo que se atraviesa entre uno y su avance — su frase nombra enemigos que traman, y ese marco de persecución aquí no se reproduce, solo lo que describe. Y en la del baúl, hacer el equipaje lo asociaba con un viaje que sí va a ocurrir y que se disfruta. Las dos fuentes leen el sitio de salida como un intervalo, no como un resultado. Si tu sueño era de estar esperando en una estación, eso es lo primero que este símbolo tiene que decirte, y no es poco: la escena describe la espera, no lo que hay después de la espera.