La espina de esta página es de Freud, atribuida: soñar con la escuela es, sobre todo, soñar desde la escuela. En su material, las escenas escolares funcionan como escenografía lista para asuntos adultos — una escena de aula de sus quince años, una conspiración de clase contra un maestro déspota, volvió décadas después a prestarle el molde a un desafío de adulto. Debajo de eso, la persistencia — y aquí el caso es de infancia, con la escuela de escenario: una figura de uno de sus sueños fundía al doctor de su niñez con un maestro de secundaria; despierto no encontró qué los unía, y fue su madre quien lo resolvió — los dos eran tuertos. Al doctor no le había dedicado un pensamiento despierto en treinta y ocho años; al maestro todavía se lo cruzaba de vez en cuando. La lección: lo que la niñez archivó no se borra, y el sueño sabe en qué cajón buscarlo. Y todavía más abajo, las rivalidades: el compañero de aula que iba siempre a media tabla donde uno fue primero puede seguir trabajando en los sueños de ese compañero media vida después. Traducido a esta casa: donde la página de exámenes dice «responsabilidad de hoy», esta dice «material conservado» — la escuela soñada suele ser el archivo del que tu sueño saca moldes viejos para asuntos nuevos.