Significado de los sueños

Soñar que caminas

También buscado como: caminata · andando · a pie · paseando · paseo · iba caminando

Ir a pie dentro del sueño: por un barrio, por un pasillo, por un campo abierto, sin que el caminar sea el asunto — es lo que uno hace mientras el sueño ocurre. Conviene separar tres cosas que se confunden, porque cada una tiene página propia. Correr es esfuerzo y urgencia. Perderse es no saber por dónde, y allí vive la vieja regla del camino como curso de una vida, que esta página no repite. Viajar es ir de un sitio a otro. Lo de aquí es más pequeño y mucho más frecuente: el andar mismo, su ritmo, el terreno bajo los pies, la luz que había. Y antes de las variantes, el dato que las ordena: cómo se sentía el ir — a gusto, con esfuerzo, con prisa, o con esa sensación rara de moverse sin llegar a ninguna parte.

Lecturas por contexto

Lo que el sueño está mirando es el ir

Las dos fuentes tradicionales coinciden en algo que no es obvio: leen el andar, no el sitio adonde se iba. El diccionario de 1901 parte su entrada por el suelo que se pisa — caminar por sendas ásperas, con zarzas y enredaderas, lo asociaba con complicaciones en los propios asuntos y con malentendidos de los que dejan frío el trato. El catálogo del siglo II llega a lo mismo desde un caso que registró en primera persona: conoció a un hombre que se imaginó que, mientras su cuerpo se quedaba quieto, sus pies andaban solos — se movían, y él no adelantaba ni un poco. Lo que aquel autor sacaba de ahí pertenece a su mundo y no se recoge; lo que queda, y es lo que vale, es el mecanismo: un sueño puede decir tu situación haciéndote hacer el movimiento completo sin que el movimiento sirva de nada. Traducido a esta casa: cuando el sueño insiste en el andar, suele estar retratando el tramo que estás andando despierto, no el lugar al que ibas.

Sin luz y sin pie firme

La variante más contada es la del andar sin luz, y el diccionario la trae dos veces. En su entrada del caminar, hacerlo de noche lo cargaba hacia los tropiezos y hacia una búsqueda de sosiego que no cuaja. En otra entrada aparte, la de andar descalzo y con la ropa rota, vuelve a la misma escena y le añade el estado del que camina — su registro ahí es de aviso y aquí queda traducido entero: lo que describe, sin las tintas, es caminar sin visibilidad y sin nada que proteja el pie. Esa es la lectura útil, y es bastante más tranquila que la suya: un tramo que se está andando sin ver mucho, y sin las protecciones con que uno suele andarlo. En la misma familia de imágenes tiene una línea sobre los pies que duelen, que asociaba con roces de los de casa; esa media se conserva, con su calificativo quitado. Si en tu sueño lo que llamaba la atención era la ropa o el calzado, esas lecturas viven en sus propias páginas.

Cuando se anda a gusto, y la bisagra de quién anda

También trae el otro extremo, y conviene no dejarlo fuera. Pasear por gusto, en su entrada breve del paseo, lo asociaba con andar metido en cosas propias que rinden y entusiasman. Caminar por lugares agradables lo asociaba con holgura y con favor — es de sus líneas más limpias. Y aquí aparece algo que en este libro no es casualidad, porque lo repite: la misma escena se lee al revés según quién sea el que anda. Ver a otros paseando lo asociaba con tener competencia en lo propio, no con el propio disfrute. La bisagra vuelve en su entrada de los pies, donde mirarse los de uno y mirar los de los demás dan lecturas opuestas; de ese par tomamos solo una mitad, la de ver los pies ajenos, que asociaba con sostener lo propio con firmeza y sin malos modos. Es su idea estructural del andar, y va con su firma: una sola fuente, dicha dos veces, que es distinto de una fuente dicha una vez.

Lo que Freud no trae aquí, y adónde lleva lo que sí

Su primer volumen no tiene doctrina del andar, y se declara: no hay entrada, no hay símbolo, no hay lectura. Tres cosas suyas rozan esta página y ninguna es de ella. La primera es la más bonita y vive en la página de los niños: los sueños infantiles que él recogió devuelven, la misma noche, el paseo que se le había negado al niño durante el día — la excursión, la cabaña, el lago —, ya cumplido. Es la demostración más clara de que un sueño puede sencillamente darte la caminata que querías. La segunda es un sueño de calles sucias que aparece en la literatura anterior a él, que él revisa sin aceptarla. Y la tercera es una escena suya de huida cuesta abajo por un sendero angosto. Una advertencia final, que es de reparto: la escena de querer moverse y no poder no es de esta página — el fenómeno lo trata la de gritar, y la explicación general de qué expresa está registrada en la de correr.

Para reflexionar

Vuelve al sueño y hazle una sola pregunta, que casi nunca nos hacemos: ¿avanzabas? No si llegaste — si el paisaje cambiaba mientras andabas. Hay noches en que uno camina mucho y el sitio es siempre el mismo, y esa diferencia entre moverse y avanzar suele ser el dato de la semana entera.

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