Si el pelo se pierde sin permiso
Las dos tradiciones convergen: el pelo que se cae o se corta contra la propia voluntad se leía hacia la pérdida y el pesar. El diccionario de 1901 asociaba la caída con una época de menos abundancia y el corte con decepciones serias; el catálogo del siglo II carga la cabeza rapada hacia lo penoso para casi todos, y mapea la calva como pérdida. En la clave de esta casa: el sueño no habla de tu pelo — suele acompañar el miedo a perder algo que sentías tuyo y a la vista: presencia, juventud, autoridad, el control sobre cómo te ven. La emoción manda, como siempre: no es lo mismo soñar la caída con angustia que con una rara indiferencia.