Antes de la especie, el estado
El acuerdo es estructural: las dos fuentes leen el ave como una persona del entorno del soñador, y su condición como la condición de esa persona o de ese vínculo. El diccionario de 1901 reparte la lectura entre plumaje, herida y silencio; el catálogo del siglo II asigna a cada especie un carácter humano y lee los hábitos del animal como hábitos de gente. Para tu sueño, «¿qué ave era?» ayuda poco; «¿cómo estaba?» lo dice casi todo.