Aquí vive la tensión honesta del símbolo, declarada — no es choque de doctrinas sino de géneros: una entrada contra dos casos. El diccionario inclina la isla hacia el retiro que alivia. El libro de casos antiguo la miró desde otro lado: en uno, un hombre soñó que navegaba un mar enorme metido en el vientre de una vasija — y su intérprete leyó la forma: un recinto cerrado rodeado de agua hace figura de isla, y la isla, figura de encierro. En el otro, un naviero soñó con las islas dichosas de los mitos y con héroes que lo retenían hasta que uno lo soltó — despierto, contó el caso, un poder grande lo tomó para su servicio y luego lo dejó ir: geografía de leyenda prestándole cuerpo al agarre y la suelta de los poderosos. Anécdotas, no doctrina — pero juntas dibujan la pregunta que el símbolo trae: tu isla soñada, ¿era tierra elegida o cerco de agua? El apartarse sin agua alrededor tiene su página hermana en el desierto, y el cerco sin isla, en la de la cárcel.