Un desacuerdo de base, declarado
Antes de las lecturas, el aviso: las dos tradiciones no coinciden en el signo de este lugar, y no vamos a fundirlas. El diccionario de 1901 carga sus templos con niebla — contrariedades, reuniones difíciles, ánimo sombrío —, con alguna excepción luminosa, como su catedral por dentro, que asociaba con buena compañía y aprendizaje. El catálogo del siglo II, en cambio, le tenía al templo un afecto práctico: en su mundo era también el lugar adonde los agotados y los delicados iban a dormir para reponerse, y dormir allí le cargaba bien justo a ellos — no así a quienes nada les pasaba, matiz suyo que conservamos. Un mismo techo, dos épocas, dos signos. Ninguna página honesta escribe «iglesia soñada, mal asunto», y esta no lo hace.