El acuerdo limpio de las fuentes
Aquí las dos tradiciones dicen lo mismo sin matices que limar: la guerra soñada se leía como agitación y discordia entrando en los propios asuntos — el negocio y la casa a la vez. El diccionario de 1901 la asociaba con desorden en el trabajo y fricción doméstica; el catálogo del siglo II, con perturbaciones y malos ánimos para todos. En la clave de esta casa, la conversión es directa: la guerra soñada suele ser la batalla que ya estás librando de día — una disputa abierta, una lealtad dividida, un tira y afloja interno — proyectada a escala de paisaje. El sueño no agranda el conflicto: te muestra el tamaño que ya tiene por dentro.