Las dos ausencias, y lo que se saca de ellas
En el catálogo del siglo II no hay ascensor, ni montacargas, ni artefacto alguno que levante a una persona: se comprobó y no está. Lo que sí tiene son subidas y bajadas que uno hace con el cuerpo — la escalera de mano, el volar, la cuesta que se sube y la que se baja —, y todas viven en otras páginas. Esa ausencia no es un hueco: es el hallazgo. La tradición antigua leía el subir y el bajar como cosas que una persona hace, y no tenía vocabulario para ser llevado. Con Freud pasa algo parecido y más tajante: la extracción con la que se escribió esta página no recogió la palabra en ningún sitio de su primer volumen, y hay que decirlo junto con la prohibición que lo acompaña, porque es el sitio donde más fácil se cuela una cita falsa — su simbolismo de escaleras pertenece al segundo volumen y no puede citarse aquí en ninguna forma. Esta página no dirá nunca «las escaleras son…» con su firma, ni con la de nadie.