En flor o seco: el acuerdo más limpio
De todos los símbolos de esta familia, el árbol trae el acuerdo más nítido entre las dos tradiciones: el árbol se lee por su estado. Seco o marchito cargaba con pérdida sentida; en hoja nueva y dando fruto, con lo cultivado que florece — así en el diccionario de 1901 y así en la regla general del catálogo del siglo II, cada uno por su lado (el arrancado y el quemado son extensiones solo del catálogo antiguo, y se dicen como suyas). Hasta comparten la variante más punzante: el árbol verde caído — la pérdida que llega sin aviso en plena bonanza. En nuestra clave: el árbol soñado suele prestar su cuerpo a algo que cultivas hace tiempo — un vínculo, un oficio, una casa —, y su estado retrata cómo sientes esa siembra hoy.