Significado de los sueños

Soñar con tus abuelos

También buscado como: abuela · abuelas · abuelito · abuelita · mi abuela · mi abuelo

Una abuela, un abuelo, los cuatro juntos en una casa que ya no existe. Lo primero es una indicación de camino, y va aquí arriba porque casi todo el que busca esta página llega con la misma escena: si tu abuela o tu abuelo ya no están, y el sueño fue una visita suya, esa lectura no es esta — la página de los muertos la tiene escrita entera, con su regla del afecto y con el cuidado que ese sueño pide, y allí conviene ir primero. Esta página lee la figura del mayor: lo que trae consigo, lo que hace, lo que dice. Y trae bastante más de lo que cabría esperar. Antes de las variantes, lo de siempre: qué te dejó al despertar — calma, nostalgia, una deuda vieja, ganas de llamar a alguien.

Lecturas por contexto

Lo que la figura mayor trae, y con qué viene acompañada

Aquí hay un acuerdo, y es bueno. Empecemos por el diccionario de 1901, que sobre abuelos tiene una sola frase: encontrarlos y conversar con ellos lo asociaba con dificultades difíciles de sortear que se sortean, sin embargo, siguiendo un buen consejo. El catálogo del siglo II trae un pasaje corto y completo sobre los antepasados, y lo que hace útil a ese pasaje es su bisagra: si esas figuras obran o dicen algo grato, los asuntos acaban acomodándose; si no, al revés. ¿Qué asuntos? Los que él mismo pone en la cabecera: preocupaciones venidas de cosas viejas. Y conviene respetar su definición en vez de traducirla por «abuelos» sin más — para él, los antepasados eran los parientes nacidos antes que los propios padres. Los dos hacen de la figura mayor la portadora de algo pesado que llega con su propio remedio incorporado, y los dos ponen el remedio en la conducta o en la palabra de esa figura. Traducido: este sueño suele acompañar épocas en que algo antiguo vuelve a la mesa — un asunto de familia, una deuda que no es de dinero, una decisión de hace años.

Atender a lo dicho

Segunda coincidencia, más estrecha, y es donde está lo accionable. En el diccionario la escena favorable no es ver, es conversar y hacer caso; en el catálogo antiguo la variante entera se decide por si la figura dice algo grato o no lo dice. A esto se suma, del mismo autor antiguo, un refuerzo de otro capítulo: entre las figuras a las que hay que creer si hablan en un sueño colocó también a los muy mayores, y su razón era la edad misma, que a su juicio acredita. Esa lista no se reproduce entera aquí; de ella solo va su peldaño. La consecuencia práctica es la misma en ambos libros y no cuesta nada: si tu abuela o tu abuelo dijeron algo en el sueño, escríbelo antes de que se te borre. En este símbolo, la frase suele valer más que la escena.

La comparación de edades, que corta para los dos lados

Con firma, y porque es la única comparación de edad explícita que dejó Artemidoro: observar gente joven, decía, es más provechoso para lo que uno hace — para la obra, para el movimiento —, mientras que para lo que se confía y se encomienda son mejores los hombres hechos y la gente mayor que los niños y los muchachos. Es honesta precisamente porque no coloca a nadie encima: reparte por función. Traducida a esta casa, sirve como pregunta antes que como lectura — cuando en tu vida despierta hay algo que requiere empuje y algo que requiere criterio, ¿a quién le estás dando cada cosa? Un sueño poblado de mayores puede estar hablando de la segunda columna.

El anciano que no es tu abuelo, y una frase pequeña de Freud

Dos notas menores y honestas. La primera es de inventario: el diccionario de 1901 tiene además una entrada de gente mayor en general — no de abuelos —, y su bisagra es la serenidad: la figura anciana serena carga de una manera y la que no lo está, de otra. Va marcada como lo que es, una entrada genérica, y de ella solo se conserva la bisagra; su remate, que carga al soñador con pesadumbres venideras, se traduce a peso presente o se deja fuera. La segunda es de Freud, y es la única frase suya que este símbolo tiene: contando cómo aprende un niño lo que es la ausencia definitiva, observó que para él los muertos son personas que ya no vuelven, y nombró al abuelo como el ejemplo natural. No es doctrina de abuelos ni la inflamos: es un apunte sobre dónde suele aprenderse la ausencia. Que sea pequeño no lo hace menos cierto, y esta página no tiene nada más de él, cosa que también se dice.

Para reflexionar

Si pudieras hacerle a esa figura del sueño una sola pregunta —una— y confiar del todo en la respuesta, ¿cuál le harías? Fíjate menos en la respuesta que imaginas y más en la pregunta que te salió: casi siempre es el asunto viejo que anda dando vueltas.

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